El cuerpo y la escritura


 “Para cada niño,(se podría pensar) un diagnóstico acerca de las representaciones:

del lenguaje escrito;

de sí mismo como sujeto que escribe;

de las tareas que implica escribir.  (Josette Jolibert)[1] 

Ana Teberosky[2] se refiere a la actividad de escribir como una confluencia entre el uso de un instrumento (el punzón, el lápiz) que deja marcas en la madera, en el papel, que pueden ser interpretadas por otros y el ejercicio de una capacidad intelectual.

 Quizás esta referencia sea un buen punto de partida para pensar el abordaje psico­motor en las dificultades de escritura y  para diferenciar cuando está la nece­sidad o la prioridad de un abordaje psicopedagógico, y cuando la de un abordaje psicomo­tor.

   La Psicomotricidad se interesa por el cuerpo y sus producciones, el cuerpo como mediador  entre organismo y psiquismo. El cuerpo como construcción histórico - cultural que se realiza con los otros.

Wallon[3] dice que la necesidad de lo social está inscripta en lo orgánico. “Sobre la base del movimiento que el organismo “habilita”, se genera la “habi­lidad” de la mano, por la cual, entre otras cosas el individuo está “habilitado” para  el aprendizaje y la comunicación.”(D. Calmels)[4]

Cuando hay una consulta a los psicomotricistas por disgrafías , a grandes rasgos podríamos distinguir si hay difi­cultades en el “dibujo” de las letras (del orden de lo Psicomotor), si el problema pasa en un primer lugar por una difi­cultad de aprendizaje (tema de la Psicopedagogía), si es parte del proceso de aprender de ese niño (entonces, quizás, no haría falta una intervención terapéutica con el niño) o si hay alguna cuestión orgánica que esté marcando la dificultad (como para conocerla y tenerla en cuenta en el abordaje).

Muchas veces desde los padres o desde la escuela se pide al Psm. que el niño escriba mejor, más claro, más prolijo. Que se pueda leer su producción, que sea legible para el otro.

Para abordar la letra, nosotros, miramos también la mano, el brazo, la distribución tónica, la postura ( tanto para escribir como en otras praxias), la actitud (si hay un inte­rés por la escritura, si hay una percepción de la dificultad, preocupación, desconocimiento, desinterés) y qué pasa en otras actividades. Miramos ese cuerpo que escribe, y no siempre en un tratamiento comenzamos por la letra, muchas veces es necesario trabajar con la postura en general, con la actitud, con el juego corporal, con la disposición para la actividad, con la relación con el instru­mento, con el objeto (el lápiz) y la posibilidad de dejar marcas que sean entendidas por otros (ligada a las diferentes maneras de comunicarse), con la relación y el manejo de otros elementos que median para la realización de una producción, con la orga­nización espacial general y gráfica, con el logro o no de un ritmo en el hacer, con diferentes coordinaciones que permitan explorar y acercarse a un acuerdo temporal – espacial - corporal - objetal .

 Miramos, atendemos, al niño que “padece” la disgrafía.[5]

Y también el entorno fami­liar y escolar de ese niño.

Es parte de la labor del psicomotricista (y de otras disciplinas) en estas situaciones acompañar a la escuela en la elaboración de estrategias para atender lo particular de las posibilidades de escritura de este niño (ofreciendo, por ejemplo, espacios más grandes, o en vez de subrayar utilizar un resaltador, etc).

Tomaremos el  recorte de  un tratamiento  para reflexionar  acerca del cuerpo y la escritura desde la Psicomotricidad. 

Reflexiones acerca de la escritura y la Psicomotricidad, a partir de algunos aspectos observados en el tratamiento psicomotor de un púber . 

Agustín tiene 11 años de edad y es el hijo mayor de tres hermanos.

Concurre a 5º grado de una escuela común. En la sala de cinco tuvo que realizar permanencia. Consulta por disgrafía y se trabaja con él hasta sus 13 años. 

 Lo primero que puede verse en relación a la escritura es que las letras pierden la forma, se abren, se desdibujan, no tienen continuidad, no responden totalmente al código común en el que la escritura puede ser transmitida a otro.Y se observa que hay algo en la comunicación oral que también pierde forma, los sonidos de las palabras tienen algo que parece igual, que hace difícil comprenderlo en ciertos momentos, que hace difícil distinguir las palabras unas de otras. El tono de la voz es parejo, bajo,  tiene algo de  monótono, sin puntos, sin pausas. Esto  también se muestra en el cuerpo en movimiento, es posible observar algo poco defi­nido, con poco sostén, que parece deshacerse, en el cual también la figura, la forma, el límite, el contorno están involucrados. Agustín se presenta con un tono muscular des­cendido.

Hay algo de la forma que está comprometido en este chico.

La forma en las letras, la forma en el lenguaje, la forma en el cuerpo.

Algo que no se termina de concretar, que parece que cuesta sostener.

Al proponerle algún juego con pelota, rápidamente se cansa, y busca un apoyo para descan­sar: el suelo, una silla, un banco. Se observan sus dificultades en relación a la resistencia, resistencia como capacidad para desarrollar determinado esfuerzo, para permanecer en la actividad y concretarla, en su capacidad para mantener la postura, para sostener una acti­tud.

-         La postura  de este niño en el espacio y su actitud de poca resistencia ante el esfuerzo, ¿están relacionadas con la postura de la le­tra, con su forma no acabada, con la falta de continuidad en la escritura? El lugar que cada letra ocupa en la palabra, en el espacio del renglón o de la hoja ¿está relacionado con el lugar y la posición que tiene él con su cuerpo frente al mundo? Para abordar la escritura ¿es necesario comenzar con su cuerpo, con su organización en el espacio general acompañándolo a de­finir las formas de su postura, de su actitud postural, a apropiarse de sus in­tenciones, a mantenerlas en el tiempo?

Actitud, postura, tono. Tres instancias que se entrecruzan para llegar a la producción en general y a la escritura en particular.

Su tendencia a la hipo­tonía le dificulta mantener la postura y conservarla como para lograr algo concreto, arribar a un producto, su propio producto, su realización posible de ser en­frentada a otros.

Al mismo tiempo no es un chico que se resista  a escribir. Sabe de lo ilegible de su escritura pero le gusta escribir cuentos. Dice que va a ser un escritor famoso. Y le gusta mucho leer. Sabe que lee más que sus compañeros. Sabe que le cuesta el fútbol y otros deportes pero dice que va a jugar en la selección (pero esto sólo queda en el decir).

Abordaje

Desde los primeros encuentros aparecen juegos con pelota, juegos gráficos, se le propone el juego del “muñeco de goma” y juegos en los que puede ir manteniendo una postura por más tiempo. Cuando después de unos meses de tratamiento, se hace posible abordar más profundamente la escritura, surge la posibilidad de modificar el trazo de las letras cursivas.

Hay letras que dibuja mal y se comienza a mirar cómo es el dibujo correcto de esas letras y para  sorpresa de la terapeuta, logra modificar, practicar y hacer perdurar esa modificación pudiendo tener una  continuidad en la escritura, logrando el ritmo y la secuencia necesaria para darle a cada palabra su forma acabada.

Consideramos que este cambio fue posible por el trabajo anterior y simultáneo: el acompañamiento en la organización de su construcción corporal para que esa organización pudiese transferirse a su producción escrita.

La “forma” que va “armando” el cuerpo dio la posibilidad de “armar” la forma de lo escrito. 

Ocasionalmente en nuestra práctica como psicomotricistas nos encontremos ante la necesi­dad de repetir o de trabajar alguna cuestión como si fuese “un ejercicio”.

L. Tolchinsky[6] plantea la necesidad de ejercitar el lenguaje escrito, no sólo para dominarlo como instrumento para comunicar, sino, también, como instrumento de comprensión, de or­ganización y de generación de ideas.

En el trabajo con A. esto se hizo necesario ya que, si bien podríamos ver que su com­prensión era adecuada y podía generar ideas más allá de su dificultad (por ej. escribir los cuentos), la organización y la comunicación estaban comprometidas.

Desde una posición actitudinal el ejercicio se hizo posible ya que el vínculo establecido en la relación terapéutica permitía la confianza, la seguridad, la posibilidad de arriesgarse, la posibilidad de mostrar los “no poder” y los “sí, voy a intentar”, los obstáculos y las posibilidades en el hacer.

A partir del intento, el logro y la práctica de dibujar las letras, se fue dando la situación de que A. pudiese apropiarse  de una forma legible de escritura comprensible para él y para el otro (lector de su letra por lo tanto de sus cuentos).

No se dio esto en una marco de simple repetición, vacía de contenido, sino que el sentido estaba dado desde el propio interés que podía manifestar Agustín en hacerse entender a partir del lenguaje escrito y la importancia de lograr el objetivo propuesto. 

Es llamativo que a la vez en la escritura en imprenta los cambios fueran menos perdura­bles pero su letra manuscrita en general y cursiva en particular, se hizo más legible, entonces no se insiste.

Entendemos que hay un punto que remite a lo personal, a lo personal de la escritura de cada uno y surge aquí la pregunta ¿qué es, a qué se refiere la letra manuscrita?

Pensamos que tiene que ver con lo particular, es una producción que nos puede repre­sentar, que revela aspectos de nuestra identidad, nos diferencia de los otros, ¿podemos otorgarle el valor de un “rostro” pero en una mecánica bidimensional?

Dice Le Breton[7]El retrato no es percibido como un signo ... sino como una realidad que permite aprehender a la persona. ...  El rostro es la marca de una persona”.

Creemos que también podemos afirmar que la letra manuscrita, la escritura, a pesar de sus características de formalidad, de su universalidad (dentro de un mismo sistema lingüístico) en cuanto a un modo determinado de ser trazadas o producidas, lleva la marca de lo personal, se inscribe dentro de la propia singularidad, atiende al carácter de lo personal de cada individuo. 

A modo de reflexiones finales 

Dice L. Tolchinsky[8]la producción de la marca es intencional”, dejar una huella de lo propio estaba en las bases actitudinales de Agustín, él quiere ser un gran escritor , un gran deportista, esto es del orden de la fantasía o de su imaginación pero se va arraigando en el aquí y ahora en su producción de cuentos.

Su gran intencionalidad en hacer una marca, una impresión, un surco, ha permitido trabajar con él su difi­cultad, estimular su confianza y animarlo en su posibilidad.

Él dio a ver lo que le pasa en su “informalidad” de la letra.

Pero él también se muestra “como persona que se apropia del mundo y del lenguaje a través de la práctica de la escritura”, “como productor de textos competente[9]. 

En una de las últimas sesiones A. dice que tiene una noticia y relata que presentó en una editorial un cuento que él escribió (después de haberlo leído en su casa y en una reunión familiar donde gustó mucho).

Narra con tranquilidad que lo llamaron por teléfono los editores y que le explicaron al papá y después a él porqué no lo iban a publicar (la extensión no era la adecuada para ese tipo de cuentos y que no estaba permitido poner como protagonistas a actores <Mel Gibson; etc.>)

Cuando llega la mamá la terapeuta se entera de que nada de esto ocurrió en la realidad.

Se dice – le dice “son tus ganas”.

En el último tiempo de tratamiento, veníamos escuchando las ganas de Agustín de ir a fútbol, a basket o voley, sin poder concretarlo.

Este relato podría leerse como un pedido de A. a sus padres de que confíen en sus posibilidades, les dice o le dice a su terapeuta al mismo tiempo que se dice a sí mismo,  que se siente preparado para “salir” al mundo y para tolerar una posible frustración, que está dispuesto a  “arriesgarse”.

El peligro de no concretar esta “salida” al deporte o a la escritura, sería quedarse encerrado en una “pura fantasía sin realizar”.

Nos quedamos pensando, que A. expresa esta intención de poder aventurarse, a partir de la escritura. ¿Este logro de legibilidad y legitimidad en su escritura es lo que también lo habilita para encontrar un posibilidad para mostrarse en otras producciones corporales como sería lo deportivo? Dijimos que para abordar la letra fue necesario comenzar por el cuerpo, ahora vemos que para abordar el cuerpo, Agustín parte de la escritura, que a partir de haberse apropiado de la escritura se abre un camino para apropiarse de  otras posibilidades de su cuerpo.

Consideramos que esto nuevamente nos remite a la articulación entre cuerpo y escritura, nos confirma  la integración de cuerpo y palabra.

“El cuerpo es una producción humana impensable sin la palabra. La palabra es inasible sin cuerpo, sin cuerpos. Existe  una acción humana que literalmente une el cuerpo y la palabra: la escritura”[10]                                   

     Mayo de 2003 

                        

 

 

 

                              Celina Marini-                                             Marina Marazzi 


Bibliografía 

Ø     “Antropología del cuerpo y modernidad”, David Le Breton. Ed. Nueva Visión, Bs. As., 1995

Ø     “Psicopedagogía: conceptos y problemas. La especificidad en la intervención clínica”. Norma Filidoro, Ed Biblos, Buenos Aires, 2002

Ø     “Formar niños productores de textos”.Josette Jolibert. Dolmen Estudio, Chile, 1992 (apuntes de clase)

Ø     “Más allá de la alfabetización”, Ana Teberosky,  y Liliana Tolchisnsky,  Ed. Santillana, Bs. As., 1995

Ø     “Introducción a Wallon  Universidad de Caen Ed Técnico Médica, Paris 1979, Barcelona 1981

Ø     “El cuerpo en la escritura”,  Daniel Calmels. Ediciones  D y B, Buenos Aires , 1998


[1] “Formar niños productores de textos”.J. Jolibert. Dolmen Estudio, Chile, 1992

[2]  “Más allá de la alfabetización”, Teberosky, A y Tolchisnsky, L Ed. Santillana, Bs. As., 1995

[3] Introducción a Wallon  Universidad de Caen Ed Técnico médica Paris 1979 Barcelona 1981

[4]El cuerpo en la escritura”. Calmels, D.  D y B, Buenos Aires, 1998

[5] No es posible dejar afuera la subjetividad del niño que aprende, escribe, se mueve, coordina, se interrelaciona.  Coincidimos con N. Filidoro cuando dice “La posición psíquica del niño no ejerce su influencia desde una supuesta exterioridad sino desde el interior mismo del proceso de aprendizaje.” Psicopedagogía: conceptos y problemas N. Filidoro, Ed Biblos

[6] “Más allá de la alfabetización”, Teberosky, A y Tolchisnsky, L Ed. Santillana, Bs. As., 1995. Capítulo 9 – “Dibujar, escribir, hacer números” -

[7] “Antropología del cuerpo y modernidad”, D. Le Breton. Ed. Nueva Visión, Bs. As., 1995

[8] op. cit.

[9] J. Jolibert. Op.cit.

[10]  D. Calmels, op. cit.

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