La atención a las necesidades educativas especiales.
Climent Giné i Giné. Facultad de Piscología y CC
Educación. Universidad de Barcelona. (España).
Vicent Tirado. Servicio Técnico de Educación. Ayuntamiento de
Barcelona. (España).
El propósito de este artículo es reflexionar sobre la atención a la
diversidad de las necesidades educativas especiales del alumnado en los
contextos básicos en que se encuentra escolarizado. Dicha temática se aborda
teniendo en cuenta la atención que recibe el que se integra en un centro específico
de educación especial y en un centro ordinario de educación secundarla
obligatoria.
La cuestión fundamental que analizamos es cómo dar respuestas educativas
adecuadas a dichos alumnos en cualquiera de las dos situaciones de escolarización,
siendo al mismo tiempo conscientes de que conforman dos contextos con una
cultura y una tradición de trabajo distintos.
Retos y posibilidades de los Centros de Educación Especial.
Los Centros de Educación Especial se encuentran actualmente sumidos en una
serie de problemas que, lejos de poder atribuirse de manera exclusiva a la
reforma educativa iniciada, responden a una "crisis" generalizada que
se produce como consecuencia de determinados cambios científicos y culturales
en occidente. La situación es debida, al menos en parte, a las innovaciones
actuales de concepto de Educación Especial y sus repercusiones en el tipo y número
de alumnos que dichos centros escolarizan.
La concepción actual de Educación Especial afirma que las dificultades de
aprendizaje no deben atribuirse, única y fundamentalmente, al déficit del
alumno o de la alumna sino a la interacción entre sus características, los
factores sociales y ambientales y las condiciones de escolarización. Entre las
últimas cabe destacar la mayor o menor adecuación de la enseñanza a las
necesidades educativas de los estudiantes. Este cambio conceptual trae como
consecuencia la integración de alumnos con necesidades educativas especiales en
centros ordinarios que pueden responder adecuadamente a las mismas, elaborando
la propuesta educativa que les resulta más conveniente, y que, en este caso,
toma como referente el curriculum de la escuela ordinaria.
La nueva situación comporta variaciones en el tipo de alumnos y alumnas que
asisten a los Centros de Educación Especial, ya que plantean demandas
educativas de carácter más extraordinario y alejadas de las prescripciones
educativas que la sociedad planteaba para la mayor parte de los chicos y chicas
en edad escolar. Algunos docentes ven así cómo se produce un desajuste entre
sus perspectivas profesionales y las nuevas exigencias del alumnado. Por una
parte, se frustran las expectativas de enseñar e instruir que cumplían con el
anterior abanico de alumnos más amplio y, por otra parte, ¿pueden considerarse
a si mismos como menos capaces de atender educativamente a un alumnado que
demanda actuaciones de mayor carácter asistencial y/o médico?. Además, el número
de alumnos matriculados en los Centros de Educación Especial disminuye, lo que
representa, en algunos casos, el cierre de determinadas aulas y comporta un
incremento justificado de la incertidumbre del profesorado sobre su permanencia
en los centros y sobre las tareas que les corresponde realizar.
A pesar de todo ello, conviene no olvidar que históricamente, desde que se
generalizó la escolaridad obligatoria, los Centros de Educación Especial han
venido ofreciendo respuestas educativas adecuadas a alumnos que los centros
ordinarios se mostraban incapaces de atender adecuadamente. En este caso, se han
erigido en escuelas de especialización, de elaboración de recursos y de
materiales específicos para alumnos con graves problemas de aprendizaje. El
papel de estos centros debe definirse de nuevo, con la intención puesta no en
su cierre o clausura, sino en cómo los institutos o escuelas pueden
aprovecharse de la experiencia de los profesionales y de los recursos de los
centros especiales para elaborar una respuesta educativa de calidad a los
alumnos con necesidades educativas especiales.
Desde nuestro punto de vista, los Centros de Educación Especial pueden
desarrollar las funciones propias de un centro de recursos del sistema
educativo. En la comunidad de la que formen parte, además de atender a
determinados alumnos y alumnas, actuarían como soporte de las escuelas e
institutos de su área de influencia. Por todo ello, los centros de Educación
Especial deben reorganizarse tomando como referente los dos grandes ámbitos
siguientes:
a) Las decisiones a nivel interno o de Proyecto Educativo y Curricular de
Centro.
En este ámbito es importante que dicho proyecto tome como referente el currículum
oficial de las diferentes Etapas Educativas e incorpore las adaptaciones
convenientes a las necesidades educativas especiales de los alumnos con graves
problemas de aprendizaje y desarrollo. Desde esta perspectiva resulta
conveniente que los Objetivos y Contenidos escolares se centren en aquellos
aspectos que favorezcan la transición a la vida adulta de los chicos y las
chicas y, en este marco, a la vida laboral. Todo ello mediante un trabajo en
estrecha colaboración con las familias.
b) Las decisiones relativas a la comunidad en que el centro está inserto.
En este ámbito los Centros de Educación Especial deberán asesorar y ofrecer
su apoyo a los centros ordinarios en los aspectos de valoración, conjuntamente
con los Equipos Psicopedagógicos, de las necesidades educativas especiales más
difíciles de definir o identificar de los alumnos y las alumnas. Al mismo
tiempo, se trata de colaborar con los docentes en todas las cuestiones referidas
a la elaboración del diseño del currículum y en el de la intervención sobre
el desarrollo de la actividad educativa en el aula en los temas concernientes a
su desarrollo profesional.
La colaboración entre profesionales incluye la elaboración de materiales muy
específicos como son los relacionados con las nuevas tecnologías. Todo ello
sin menoscabo de las tareas de información y sensibilización sobre la realidad
el alumnado con necesidades educativas especiales a la comunidad de influencia
de los Centros de Educación Especial.
Los profesionales que intervienen en los centros especiales y en el conjunto del
sistema educativo poseen, salvo raras excepciones, perfiles profesionales
adecuados para desarrollar con garantías las funciones que acabamos de referir
en párrafos anteriores. En cualquier caso debería contemplarse por parte de la
Administración Educativa una actuación itinerante de los mismos, fuera del
propio centro especial, tanto en el sector público como en el privado
concertado. Todo ello comportaría relacionar más y mejor las dos redes de
centros actualmente existentes y ayudaría a responder a las expectativas
sociales de acceso a la educación de todos los niños y niñas en edad escolar.
La lntegración educativa del alumnado con necesidades educativas
especiales en la ESO.
La respuesta educativa a los estudiantes con necesidades educativas especiales
debe inscribirse en el continuo general de la respuesta del centro a la
diversidad, ya que, por una parte, algunas de las medidas que se requieren son
coincidentes con las que se dan a los demás compañeros y, por otra parte, la
estancia en un instituto de dichos alumnos se justifica por que dicho contexto y
la calidad de la propuesta educativa les permite proseguir su desarrollo
personal y social.
Los alumnos con necesidades educativas especiales necesitan ayudas de carácter
extraordinario debido al retraso global que manifiestan respecto de todas las áreas
y en los mecanismos básicos de aprendizaje. Además, por sus condiciones
personales de discapacidad requieren, en determinados momentos, de itinerarios
curriculares y de formas de agrupación diferentes a las de los demás compañeros
y de personal especializado. En este sentido, la integración de estos chicos y
chicas en el instituto incrementa la complejidad de la elaboración de una
propuesta global de centro de atención a la diversidad puesto que la tipología
de alumnos que requieren actuaciones educativas especiales se amplía. En
efecto, a la situación expuesta hay que sumar, entre otras, la existencia en el
centro de otros alumnos con: sobredotación; dificultades de aprendizaje; falta
de motivación; actitudes de rechazo a una integración efectiva en el centro.
En consecuencia con lo anterior, y de acuerdo con su propia tradición, la
Educación Secundaria no ha sido propensa a favorecer la integración de alumnos
con necesidades educativas especiales, Dicha etapa se ha caracterizado por ser
eminentemente selectiva, no comprensiva y por una práctica educativa
eminentemente academista o centrada en los saberes propios de las diferentes
disciplinas y no en los conocimientos previos del alumnado sobre los contenidos
de aprendizaje. Asimismo, la organización de los centros de Secundaria ha
estado presidida por una organización de carácter muy vertical que ha
favorecido escasamente las relaciones profesionales de carácter cooperativo o
de trabajo en equipo entre los profesores.
La integración exitosa de los alumnos y alumnas con necesidades educativas
especiales en los centros de secundaria, y saludable para el profesorado,
dependerá, en gran parte, de que seamos capaces de crear las condiciones
educativas adecuadas a sus necesidades. Para ello, debemos poner el acento en el
contexto o centro, entendido éste como el sistema que permite la interacción
entre todos lo profesionales e instancias que lo componen (Administración
familias, profesorado, servicios de apoyo, etc.) para la toma de decisiones
educativas adecuadas a las necesidades de los alumnos. En todo el proceso
educativo, el elemento central es la elaboración de ayudas ajustadas a dichas
necesidades y que se presta al conjunto de los alumnos que lo precisan, y entre
los que se hallan los de necesidades educativas especiales. Para ello es
necesario que:
a) El Proyecto educativo del Instituto contemple a todos los alumnos con
necesidades educativas especiales, de tal forma que su progreso sea
responsabilidad de todos los profesionales y que el reglamento de centro y su
desarrollo asegure la coordinación y la cooperación del profesorado.
b) El curriculum, y las programaciones de aula incorporen la especificidad
educativa que su atención necesita. Desde esta perspectiva, los objetivos deben
promocionar especialmente el desarrollo de capacidades de relación social con
los demás; las capacidades de autoestima y efectivas; y las de inserción y
actuación social. El Proyecto Curricular de Centro debe dar prioridad al
desarrollo de capacidades muy básicas compresión, expresión, planificación
autónoma, resolución de problemas en contextos y situaciones que los alumnos
van a encontrar social y laboralmente.
Para estos alumnos es fundamental abordar el aprendizaje de contenidos que
tienen una dimensión funcional y práctica con mayor intensidad; lo que no
significa que estén realizando continuamente o de forma exclusiva actividades
manipulativas y/o de baja consideración social.
En consecuencia con los planteamientos anteriores, la evaluación y posible
acreditación de los alumnos con necesidades educativas especiales ha de basarse
en el desarrollo de los planteamientos propios de la evaluación integradora que
contempla la LOGSE. Para ello se debe valorar, por una parte, el progreso de
cada alumno con respecto a su propia situación inicial tomando como referente
los niveles de adquisición de las capacidades básicas, globalmente
consideradas, que se indican en los objetivos generales de la etapa. Asimismo,
cabe contemplar que algunas de esas capacidades pueden ser desarrolladas por el
alumno con posterioridad al momento educativo en el que se halla, en los ciclos
formativos de Formación Profesional y por su inserción en el mundo laboral.
c) Es fundamental proveer de servicios y recursos especiales a los institutos
que integren alumnos con necesidades educativas especiales, en función de las
necesidades que éstos manifiestan y de las propuestas educativa y curricular.
Se trata de que dichos servicios (profesorado de apoyo, psicopedagogos,
especialistas, profesores de centros especiales, etc.) tomen en consideración
al conjunto del alumnado. La administración educativa ha de asegurar que estos
servicios no falten en ningún centro con alumnos de integración.
De lo que hemos expuesto hasta el momento se deducen algunas formas de proceder
para elaborar posibles respuestas a las necesidades educativas especiales de
alumnos integrados en los Centros de Educación Especial y en los ordinarios. No
se trata de una tarea fácil, pero existen razones educativas de envergadura que
justifican estos planteamientos y numerosas experiencias, desarrolladas por
profesionales de diferentes niveles y ámbitos educativos, que avalan las
posibilidades de su puesta en práctica.