Las tareas escolares: una lucha diaria


"Ponernos a hacer la tarea es todo un tema", "Cuando hacemos los deberes siempre terminamos peleando". "Con las tareas empezamos bien, pero al final es una batalla". Frases que los padres repiten una y otra vez, con éstas o otras palabras. El tema: la tarea. Más allá del tiempo y el espacio, la situación es recurrente. El regreso de los hijos a casa supone, implícitamente, cierta continuidad escolar, aunque con un ingrediente doméstico: ahora la maestra es mamá. ¿Es lícito que así sea?.¿ Cuáles son los beneficios?

Cuando las vivencias dejan de resultar gratificantes y se tornan tediosas ( o, a veces, todo una pesadilla) hay que hacer un alto en el camino y reconsiderar las posiciones tomadas.

La vuelta a casa debiera ser vivida como ese momento esperado del reencuentro: mamá e hijo se reúnen  para compartir el relato de las experiencias vividas, y para tejer juntos otras nuevas hasta el final del día

Sin embargo, raras veces ocurre así. En muchos casos, la cuestión tarea puede llegar a opacar pequeños bellos momentos.

Una reflexión a tiempo quizás ayude a tomar conciencia de que nunca es tarde para volver a empezar de cero. Más aún cuando se tiene la convicción de que la misión, no sólo es posible sino que además, es saludable.

Iniciemos la reflexión pensando cuál es el sentido de que los niños hagan tarea en el hogar. Este es: que el pequeño practique en casa lo que se le enseñó en el colegio.

Ahora bien: ¿ es verdaderamente esto lo que sucede cuando llega el momento de sentarse a trabajar en casa?.

La mayoría de los padres asumen la obligación de tener que hacer las tareas con sus hijos ("Ponernos a..., "Cuando hacemos...") Y, sobre todo, sienten la responsabilidad de que ésta debe estar correctamente hecha: sin errores y prolijamente presentable. Nos encontramos así con cuadernos de clase corregidos  ( a veces con más o menos errores) tachados, borrados...Pero, paralelamente ,cuadernos de tareas impecables o con alguna pequeñísima corrección subsanada con borratinta. Entonces, ¿cuál es la verdad?, ¿dónde quedó el aprendizaje del niño? O calando más hondo, cabe preguntarse qué idea de aprendizaje están transmitiendo los padres a este pequeño. Si aprender, practicar, es tener que hacer todo a la perfección...¡quién se animará a semejante desafío! Porque cuando no queda espacio para la duda o el error, la presión es tan grande que paraliza y no permite pensar.

¿No sería mejor que, quien es el alumno (el mismo niño) tache, borre, rehaga y aprenda, a cambio de que rellene a la perfección una tarea tal como mamá o papá la dictan?.

Generalmente la exigencia de los padres responde a una necesidad personal de mostrar la excelencia de su hijo y, más aún, la propia como figuras parentales. Se podría decir que el error del niño causa una herida en el narcisismo de los padres. Como si ,lo que sus hijos no hacen bien, pusiera en evidencia deficiencias de su rol parental. Lejos de ser cierto, aceptar en un hijo las fallas, los errores, los fracasos, implica reconocerlo como ser independiente a uno mismo, que puede equivocarse y que, además, es lícito que así sea. Enseñarle a asumir sus faltas es ayudarlo a crecer y a hacerse responsable y comprometido con su propio actuar.

La tarea debe servir al niño para practicar lo aprendido (ese dije que era su objetivo),y a la maestra para evaluar la calidad del aprendizaje. Si la tarea no está bien, será la pauta de que debe volver sobre un tema que no quedó demasiado claro. Es por eso los deberes dictados por los papás, no son más que un obstáculo en el proceso de aprendizaje: ejercicios que se hicieron una y otra vez , demuestran, en las evaluaciones que, en realidad, nunca fueron comprendidos.

"Yo no sé explicarle. No sé qué métodos usan ahora"- dice una mamá con culpa. Pero ...¿Por qué tendría que saberlo?. Es la maestra quien debe explicar al niño y la mamá debe ayudarlo alentándolo a que pregunte cuando no comprende o tiene dudas. Este es un modo, también, de fomentar la responsabilidad en un chico que debe entender que cada cual tiene su rol.

No es beneficioso para la madre ni para su hijo continuar la escolaridad en casa: mamá se pone nerviosa por tener que explicar algo que ella, probablemente entiende poco, y el niño, cansado de una larga jornada escolar, no logra descifrar lo que su madre le intenta hacer comprensible.

Aprender es incorporar, apropiarse de conocimientos, estrategias, modelos, datos...Es un proceso en el que hay marchas y contramarchas, hay errores (¡y muchos!). Pero de ellos también debe aprenderse porque, de otro modo, quedarían enquistados sólo como fracasos. Deben resultar útiles para evitar otros posibles.

Que el niño haga sus deberes en forma autónoma es, fundamentalmente, reconocerlo como persona inteligente, independiente, capaz y responsable. Más allá de la tarea escolar, se le está otorgando el valor moral que, como persona, se merece. Tratar de imponerle la perfección sólo lo llevará a desalentarse ante el primer tropezón queriendo abandonarlo todo.

Y bien sabemos que, en todos los ámbitos de la vida, tendrá que  sobreponerse una y otra vez.

¿Qué ayuda debieran entonces dar los padres a sus hijos?

Brindarse como acompañantes. Ofrecer su presencia para que el niño sepa que puede contar con ayuda. Sin estar necesariamente sentados a su lado, que el pequeño sepa que tiene a quien recurrir que cuenta con una guía, con un orientador, pero no con las respuestas hechas a sus preguntas.

. Sus papás podrán ofrecerle ideas, instrumentos para ayudarlo a pensar, a cuestionar, a cuestionarse.

Porque guiarlo en el trabajo no es lo mismo que hacerle la tarea. Es ofrecerse como presencia, como compañía, incluso cuando muchas veces la realidad les haga aceptar, ante sus hijos que "ese tema yo nunca lo aprendí". 

 

Lic. Ma. Eugenia Blattmann de Jones

Prof. en Enseñanza Primaria

Lic. en Psicopedagogía

Te: 4772-6580

E-mail: mebpsp@yahoo.com.ar