Los zurdos: Tan diestros como el que más


Cuando leí la propuesta, me pareció interesante que muchos docentes puedan compartir esta nota. Yo soy una zurda contrariada, a la que le costó mucho poder realizar ciertas cosas, y muchas que nunca logré hacerlas con la mano derecha.

Los zurdos: ni son torpes, ni pretenden hacer todo mucho más difícil; únicamente viven en una sociedad que los ignora.

El corcho se queda en la botella, las tijeras no cortan, las cuerdas de la guitarra están colocadas al revés... Los zurdos no lo tienen nada fácil en un mundo en el que todo está pensado para los diestros. Quienes tienen su mayor habilidad en la mano derecha no pueden imaginarse en ningún momento la cantidad de obstáculos que, a diario deben superar los que operan mejor con  su mano izquierda.

Los zurdos, muchas veces, deben luchar contra las barreras que la sociedad les impone. Pero no solamente tienen dificultades “físicas, sino que, además, son considerados como verdaderos “fenómenos”, casi como bichos raros que todo lo hacen al revés y de la manera más difícil. Aún hoy, muchas veces mi hermana me dice: “tenés que coser para el otro lado”, y no es así, para mí es lo correcto.

En la casi totalidad de los idiomas derecho o diestro es sinónimo de correcto, justo, recto, hábil, listo... ,es decir, cualidades positivas. De izquierdo o siniestro no se puede decir lo mismo, ya que en los diccionarios significa también torcido, no recto, viciado, infeliz y hasta funesto.

¿Y todo por qué? Sencillamente porque la inmensa mayoría utiliza con mayor destreza su mano derecha, mientras que la opción inversa, es decir el uso de la izquierda, sólo afecta a un diez por ciento de la población. Y, ya se sabe, las mayorías no suelen respetar las minorías...

¿Cómo se llega a  ser  zurdo?

No se llega a serlo; se es de nacimiento, por naturaleza. Igual que se nace rubio o con la nariz recta. No es ni mejor ni peor; es, simplemente, una característica más.

El responsable de que esto ocurra es nuestro cerebro; en él existen dos hemisferios: el derecho, que dirige los movimientos del lado izquierdo de nuestro cuerpo, y el hemisferio izquierdo, que rige los movimientos del lado derecho. La parte izquierda de nuestro cerebro suele ser la dominante, es el caso de las personas que utilizan la derecha. Los zurdos son la excepción de la regla, pues aquí la situación es la contraria: domina el hemisferio derecho y, en consecuencia, el lado izquierdo y la mano izquierda.

Hace unas décadas se tomaban medidas drásticas, como atar la mano izquierda a la espalda, para que escribiera con la derecha, y a pesar de ello sí bien escribían con la derecha las demás actividades continuaban haciéndolas con la izquierda.

La reeducación obliga a que las funciones de ambos hemisferios se inviertan. Como consecuencia se producen una serie de inconvenientes como falta de concentración, trastornos en el habla, tartamudez y dificultades espaciales.

Muchos se preguntan sí: ¿Son torpes? NO. Sin embargo, si se los obliga a cambiar a la mano derecha, perderán su habilidad. Antes de forzar a un zurdo a que haga las cosas con la otra mano, los diestros deberían intentar comprenderlos tratando de escribir un par de hojas con su mano izquierda. Comprobarían que es un martirio.

Si alguna vez un zurdo- de los que tienen la suerte de seguir siéndolo- nos llama la atención por su torpeza se debe, sin duda, a que los elementos están contra ellos: los abrelatas, los pelapapas, las máquinas de coser, las herramientas, los cuchillos...

“Todos los prejuicios contra los zurdos carecen de fundamento”, dice el profesor Ernest L. Schäfer en su obra “El libro de las manos”, un estudio sobre nuestros lados, su historia y sus funciones. “Se ha llegado a decir que los zurdos enferman más fácilmente, que viven menos e, incluso, que tienen mayor tendencia al suicidio –afirma- pero no existe ni el más mínimo indicio de que esto sea cierto”.

¿Cómo los reconocemos? Al nacer, la mayoría de los bebes son ambidiestros, aunque la tendencia hacia la derecha se suele manifestar en un período corto. Hacia los dos meses se empieza a producir un reparto de responsabilidades entre la “mano de trabajo” y la “mano creativa’, pero solamente a partir de los tres años se puede afirmar con cierta seguridad que un niño es zurdo.

Para saber cuanto antes qué mano domina hay que observar con detenimiento a los pequeños cuando pintan, cuando se lavan los dientes, cuando quitan el tapón del lavabo o algún otro movimiento que requiera fuerza. En la mayoría de los casos ser zurdo no se refiere solamente a la mano, sino que a menudo abarca también la pierna izquierda, el ojo izquierdo, el oído izquierdo...

Los niños zurdos necesitan dos cosas: tolerancia y paciencia por parte de sus padres y maestros. No basta con dejarlos que se manejen con la izquierda. Hay que acostumbrarlos, poco a poco, a enfrentarse con los quehaceres diarios siempre pensados para gente diestra.

Los obstáculos no tardan en aparecer. Las tijeras de puntas redondeadas, el primer fracaso. Utilizar con la izquierda una herramienta diseñada para ser manejada con la derecha no es fácil. Por eso los padres deben estar atentos; con unas tijeras para zurdos el niño recuperará la confianza en sí mismo. Otro problema: atarse los cordones de los zapatos. Hacer un moño por primera vez no es sencillo para un niño; si además se lo explican al revés, será prácticamente imposible.

Por eso cuando se realizan las primeras reuniones de padres, sería importante que las docentes tuvieran presente este punto, y preguntaran si hay zurdos en su grupo, para ayudarlos en los problemas más sencillos, como para ubicarlos correctamente en los bancos para que no se choque con su compañero al escribir, por eso deben estar ubicados a la izquierda, de manera que su mano tenga libertad de movimientos. Hay que procurar que la luz venga siempre de la derecha para evitar la sombra del brazo izquierdo.  Al tener conocimiento del mismo el docente podrá darle facilidades y paciencia como si fuera diestro.

Para un niño zurdo es importante saber que eso no es ninguna enfermedad, ni tampoco un impedimento. No hay que avergonzarse por ello y no tiene que soportar las bromas de sus compañeros.  Una vez que hayan superado las primeras dificultades, con el apoyo de su maestro, el niño lo hará todo bien, y por sobre todo con su mano izquierda.

 

Lilia Irene Massa

La idea de escribir esto surgió al leer un artículo publicado en una revista hace algunos años, pero que todos los decentes deberíamos considerar. 

Lilia Irene Massa

Profesora de Informática y Administración de Empresas

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