El Maestro Sufí
El Maestro sufi contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...
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Maestro – lo encaró uno
de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su
significado...
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Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro –
Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.
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Gracias maestro.- respondió
halagado el discípulo
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Quisiera, para agasajarte,
pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?
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Sí. Muchas gracias –
dijo el discípulo.
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¿ Te gustaría que, ya
que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?...
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Me encantaría... Pero no
quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...
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No es un abuso si yo te lo
ofrezco. Solo deseo complacerte...
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Permíteme que te lo
mastique antes de dártelo...
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No maestro. ¡No me gustaría
que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.
El
maestro hizo una pausa y dijo:
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Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería
como darles a comer una fruta masticada
(Jorge Bucay.
1999)